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SI CONOCES MÁS PALABRAS Y MODISMOS TORRINOS, HAZMELOS LLEGAR A Torredelasarcas08@gmail.com
ABENTAR: Lanzar el trigo al aire para separarlo de la paja.
ABIAU: Estar apañado.
AGUACHINAR: Rebajar con agua.
ASINAS: Así, de esta manera.
ASTRAL: Hacha pequeña.
BANCAL: Campo.
BARRAL: Recipiente de cristal para beber.
BARRUNTAR: Presentir.
BESUQUIAR: Besuquear.
BISALTOS: Parecidos a los guisantes.
BOSAR: Vomitar.
CACARIAR: Cacarear gallos y gallinas.
CACHURRO: Fruto de la cachurrera con pinchos.
CALANDARIO: Calendario.
CANALERA: Canal del tejado.
CANTALERA: Montón de piedras grandes.
CAPUZARSE: Meter la cabeza debajo del agua.
CARNUZO: Carne muerta y en descomposición.
CARRANQUIAR: Renquear.
CARRIAR: Acarrear ó transportar carga a lomos del mulo.
CASETO: Pequeño refugio en el campo.
COSTERA: Ladera muy pendiente.
CUCHARETA: Renacuajo.
CHAFARDIAR: Chafardear, entrometerse.
CHAPURRIAR: Chapurrear.
CHARRAR: Hablar.
CHUFLAR: Silbar.
DALLA ó DAYA: Guadaña.
DEDALETA: Protector del dedo en la siega.
DESENRELIGAR: Desenredar.
DESIMULO: Disimilo.
EMBITAR: Invitar.
EMPESTAU: Infectado.
ENFILAR: Enhebrar.
ESBARRÁSE: Espantarse las caballerías.
ESCAMPAR: Despejarse el tiempo.
ESCARDAR: Limpiar de cardos los campos.
ESGARRAR: Desgarrar.
ESLEJIR: Elegir.
ESTALENTAO: Persona con poco talento o dudosa salud mental.
ESTOZOLARSE: Caerse.
FACINO ó FAZINO: Hoz.
FAINA: Faena.
FALSA: Desván de la casa.
FARINETAS: Papilla de harina y leche.
FESTEJAR: Tener novio-a.
FIEMO: Estiércol.
FOCIN: Persona sucia o desaliñada.
GAIRADAS: Tonterías.
GAYUMBOS: Calzones.
LAMINERO: Goloso.
LUZIR: Enyesar las paredes.
MACHO: Mulo.
MADERO: Viga.
MALLO: Mazo.
MAÑO: Amigo, hermano, amistosamente.
MARRO: Juego de persecución y alcance.
MATACABRAS: Lluvia con nieve o graniza menudo.
MESMAMENTE: Exactamente.
MIAJA: Poco, nada.
MISTO: Cerilla.
MOJÓN: Señal de fin de termino.
MOQUERO: Pañuelo.
MORRAL: Zurrón.
MUDAR: Vestirse de fiesta.
NAIDE: Nadie.
NUBLO: Nublado.
PANIZO: Maíz.
PARALÍS: Parálisis.
PARDAL: Cría de pájaro. Chaval travieso.
PASAPUES? : ¿ Que pasa?
PERILLÁN: Pícaro, travieso.
PITO: Espabilado.
POZAL: Cubo de pozo.
PRETO: Compacto, prieto, tacaño.
¡QUIO!: Llamar a alguien.
RASERA: Espumadera.
RASMIA: Fuerza, entereza.
RASO: Despejado ( el día, el tiempo ).
REBOLLÓN: Robellón, niscalo.
REFAJO: Combinación recia.
REGALÁ-SE: Derretirse el hielo.
RETORZIGAR: Retorcerse.
RIBAZO: Que separa y sostiene el campo.
RINGLERA: Hilera, línea.
ROBÍN: Oxido.
ROCHA: Roca.
RONDAGATERAS: Persona que ronda mucho por la calle en horas nocturnas.
ROSIGAR: Roer la fruta, la carne...
ROYO: Color rojo. Rubio.
RUIN: Pequeño.
RUSIENTE: Muy caliente, al rojo vivo.
SOLANA: Donde da mucho el sol.
SOPORTALES: Portales de las casas.
SUBASTAU: Juego de cartas.
TABILLA: Judías verdes.
TALEGA: Saco alto de tela gruesa para la siega.
TALEGAZO: Caída, batacazo.
TOBALLA: Toalla.
TONTERA: Tontería, estar tonto.
TONTOLABA: Tonto.
TORTERA: Fuente honda para servir la comida.
TOZOLÓN: Caída fuerte.
TREMOLAR: Temblar.
UMBRIA: Que no recibe la luz del sol, sombría.
VUELTAS: Techo de una habitación, normalmente de maderos.
ZAFRAN: Azafrán.
ZAGAL: Joven, mozo.
ZAMPAMIGAS: Glotón.
videos del pueblo
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lunes, 21 de julio de 2008
miércoles, 9 de julio de 2008
El municipio ya se encuentra ´al completo´
Poco a poco el Horno se va terminando, ya casi está. Del mismo modo las casas se abren y ya somos unos cuantos más. Todos los apartamentos de turismo rural est
án ocupados al menos hasta septiembre. Esperamos ver, muy pronto, la televisión en condiciones. Es decir, las cosas llevan su curso habitual por lo que sólo son relativamente noticia. Sin embargo, que no tengamos que preocuparnos del agua este verano, tal como estaban las cosas hace mes y medio, es una estupenda novedad. Que durante los quince primeros días de junio no sólo el río, sino el Barranco del Gabardal, el Cepero, las rocas, han sentido como el agua se deslizaba con fuerza. El sonido insistente de la lluvia y el fragor del agua que llegaba de todos los rincones del término, los árboles limpios y brillantes con el sol, la hierba cubriendo la tierra que hasta hace pocos días presentaba un color amarronado y un aspecto seco, nos han dejado imágenes como la fuente con el agua que sobra en el depósito y que procede de la Virgen de Oto, el camino que ll
eva a Collalpino convertido en cascada, la subida al Molino en un paseo en el que, junto a los sonidos habituales, podíamos escuchar el agua corriendo por entre las rocas del Estrecho y caer en la balsa, con el aliviadero soltando un buen caudal de agua. En estos días de campos encharcados y del croar insistente de las ranas, ha sido el momento de salir del pueblo para oler el aire limpio y fragante y perderse por los yermos buscando carretillas y setas de cardo o, más cerca, setas de chopo junto a la ribera del Cabra. Hasta algún rebollón se ha visto, aunque muy en solitario. La cosecha de cereal no ha podido aprovecharse de esta lluvia, era ya muy tarde, pero al menos los ganados tendrán abundante hierba que comer durante el verano y los jóvenes podrán ducharse alegremente tras el Pregón de fiestas.
viernes, 20 de junio de 2008
La lluvia no impide un mes de fiesta
TORRE DE LAS ARCAS. Entre una boda y la Virgen de Oto, se celebró San Miguel
En el mes de mayo han caído más de 100 litros de agua.
Mayo es un mes en el que la primavera se afianza, los días son largos y se celebran festividades. Los diez primeros días, los vecinos de Torre de las Arcas hemos tenido una apretada agenda que culminó el sábado 10 de mayo con la Virgen de Oto. Una semana antes, hubo una boda que llenó el pueblo con personas vestidas de "domingo". Entre la boda y la Virgen de Oto, el jueves, San M
iguel, antigua fiesta mayor, se celebró modestamente con misa y merienda. El día de la boda los novios lucieron sus galas con sol y calor, pero al día siguie
nte aparecieron las nubes y pequeños chaparrones. ¿Podríamos subir a la Virgen de Oto? Todos queríamos sentarnos en los bancos en la misa y comer en la explanada, pero el viernes la duda era si el tiempo nos lo permitiría por el color plomizo el cielo. Cuando por la noche escuchamos la lluvia, supimos que la celebración se haría de otro modo, aunque no ha importado porque casi se nos había olvidado el sonido de la lluvia y sus efectos en los campos. Han caído más de cien litros, con agua que corre por el barranco Gabardal, que mana de la Virgen de Oto, y del Lavadero porque "En La Torre tienen un San Miguelillo que siempre les llueve a chorrillo".
Mayo es un mes en el que la primavera se afianza, los días son largos y se celebran festividades. Los diez primeros días, los vecinos de Torre de las Arcas hemos tenido una apretada agenda que culminó el sábado 10 de mayo con la Virgen de Oto. Una semana antes, hubo una boda que llenó el pueblo con personas vestidas de "domingo". Entre la boda y la Virgen de Oto, el jueves, San M
martes, 13 de mayo de 2008
Avanzan las obras del horno comunal y del ayuntamiento
La actualidad se compone de pequeñas noticias en las que ocupamos nuestro vivir en común y que desgranamos para que los nacidos en el pueblo, aunque no habiten en él, pero sean lectores de esta publicación, estén informados.En ocasiones las instituciones públicas actúan en el instante preciso. Por eso, es un buen momento para un paseo por la ribera del Cabra después de que una brigada de la Diputación de Teruel haya limpiado un tramo de zarzas y malezas. Ahora es más cómodo acercarse hasta el Molino o, simplemente, recorrer el espacio que va entre el río Alto y el Bajo. Como ha llovido un poco, la hierba ha aparecido en los lugares más húmedos, los frutales muestran su flor y los chopos sus hojas tiernas. Entre ellas, abundantes pájaros cantores cuando atardece.
La obra del Horno Comunal avanza a buen ritmo. La bóved
a va a estar recompuesta en estos días y los albañiles comenzarán el tejado. Otro lugar que mostrar.
Además, da sus primeros pasos el cambio de la cubierta del Ayuntamiento. El proyecto ya está en el Colegio de Arquitectos y una parte del dinero presupuestado, procedente de Planes Provinciales, a
la espera de la adjudicación de la obra, que no comenzará hasta después del verano. Primero una cosa, terminaremos el Horno, y luego otra, el tejado.
Poco a poco se van abriendo casas cerradas durante el invierno y aunque las perspectivas, por la falta de lluvias, no son buenas por lo que respecta a los riegos, se preparan algunos huertos. Tres acontecimientos para este mes, una boda después de tantos años sin ninguna, y la celebración de la Virgen de Oto, el sábado anterior al Domingo de Pascua de Pentecostés. Entre las dos fechas, la del 8 en la que hemos celebrado, en la intimidad, puesto que a sido jueves, la antigua fiesta mayor de nuestro pueblo, San Miguel Arcángel.
Abril es, este año, un paréntesis entre el bullicio que tuvimos durante la Semana Santa y el que esperamos para mayo.
Además, da sus primeros pasos el cambio de la cubierta del Ayuntamiento. El proyecto ya está en el Colegio de Arquitectos y una parte del dinero presupuestado, procedente de Planes Provinciales, a
la espera de la adjudicación de la obra, que no comenzará hasta después del verano. Primero una cosa, terminaremos el Horno, y luego otra, el tejado.
Poco a poco se van abriendo casas cerradas durante el invierno y aunque las perspectivas, por la falta de lluvias, no son buenas por lo que respecta a los riegos, se preparan algunos huertos. Tres acontecimientos para este mes, una boda después de tantos años sin ninguna, y la celebración de la Virgen de Oto, el sábado anterior al Domingo de Pascua de Pentecostés. Entre las dos fechas, la del 8 en la que hemos celebrado, en la intimidad, puesto que a sido jueves, la antigua fiesta mayor de nuestro pueblo, San Miguel Arcángel.
Abril es, este año, un paréntesis entre el bullicio que tuvimos durante la Semana Santa y el que esperamos para mayo.
domingo, 11 de mayo de 2008
Dar sentido a las tradiciones
Cocer espliego para lograr esencia.
Durante los últimos treinta o cuarenta años dejaron de ser útiles los animales de carga, las herramientas con las que se segaba y trillaba, la manera de
trabajar, las ropas que vestían hombres y mujeres, las tradiciones que, buenas o malas, conformaban el vivir. La obtención de esencia del espliego no iba a ser menos.
Abandonar a su suerte las antiguas calderas en las que se cocía el espliego es lo que hicieron, hace más o menos cuarenta años, los verdaderos dueños. Sin duda les parecieron demasiado pesadas y antiguas para venir de propio a recogerlas. Se quedaron junto a la ermita de la Virgen de la Huerta hasta hace un par de años en que se encontró un lugar apropiado para ellas: el Centro de Interpretación de la Flora, en la ribera del río Cabra, y allí se transportaron.
El Parque Cultural del río Martín subvencionó este año que ya termina un proyecto con el que se pretendía recuperar una vieja tradición desde hace muchos años en desuso, cocer espliego para lograr esencia. A ello nos pusimos en Torre de las Arcas.
La primera tarea era saber qué había y qué faltaba, así que hicimos el recuento. Teníamos las dos calderas, el vaso florentino para recoger la esencia, algunas grapas para sellar las junturas y unos cuantos tubos oxidados. Faltaba la pieza que, dentro de la caldera, sepa
ra el agua del espliego y que tiene la forma de rasera o espumadera, el serpentín, la tapa y algunas grapas más. Pensamos en Antonio Ortín, el herrero de Montalbán, conocedor de los viejos usos de los metales, para que fuese el encargado de la fabricación de estas piezas, aunque la tapa de la caldera fue entregada por un particular que la había guardado. Benigno Terrén hizo un dibujo y con él bajamos a ver al herrero. Un poco más tarde, a mediados de junio, comenzamos la construcción del hornal. El jardinero encargado del mantenimiento del jardín del Centro de Interpretación, Jerónimo, decía que se acordaba del que había en Alcaine, su pueblo, y siguiendo el modelo así lo hizo.
Era, entonces, el momento de dar a conocer que estábamos preparando una fiesta para el 1 de septiembre. Daba un poco igual el día elegido, pero buscamos el tiempo apropiado para la siega de la planta y que fuese sábado, ya que es el mejor momento del fin de semana. Desde luego intentamos que el anuncio fuera conocido por el mayor número de gente posible y en agosto la Plaza Mayor está llena, así que el Ayuntamiento convocó una reunión informativa y allí se dio la fecha. Poco a poco fuimos bajando todos para ver de primera mano qué era eso de la caldera y del hornal.
Intentando darle la mayor relevancia, pensamos en la música y los Gaiteros de Alcorisa aceptaron con mucho gusto venir a tocar por la mañana. Además, la Comisión de Fiestas rifó un jamón que se quedó sin dueño y lo entregó al Ayuntamiento. Era un acompañamiento más, junto a un par de quesos y unas botellas de vino, a la fiesta que preparábamos. Faltaba encontrar la materia prima sobre la que esta giraba. La última semana de agosto com
enzamos a buscarla. Santiago López puso el coche y tuvimos suerte, ya que encontramos un par de bancales camino de Obón en los que parecía que habían sembrado el espliego. A la luz de la mañana estaba hermoso por la mezcla de color entre dorado y morado.
Segar los más de doscientos cincuenta kilos que se necesitan para llenar la caldera llevó gran parte de la mañana de un par de días. Santiago, junto con Vicente y Dionisio Martín llevaron el peso de la faena. Las mujeres del primero, Águeda Villanueva, y del tercero, Manuela Adán, hicieron de gavilladoras, nada tan penetrante como el olor que queda en las manos y en la ropa, y el resto de la última semana de agosto se dedicó a ultimar los detalles: llenar la doble caldera con el espliego, probar el serpentín y colmar de agua la pequeña balsa en la que está colocado para enfriarlo, un punto fundamental en el proceso que lleva del espliego a la esencia. Además, había que traer la leña para encender y mantener el fuego. También ellos, junto con Miguel Latorre, se encargaron de ese trabajo.
Cuando llegó el gran día, los organizadores cruzaron los dedos para que algo saliese de la cocción, para que hiciese un buen día, para que los gaiteros no desafinaran, para que viniese la gente del pueblo y de fuera y para que el jamón no estuviese salado.
Los fogoneros encendieron a las siete de la mañana de un día despejado y fresco, casi había rosada. Uno vigilaba el fuego, mientras que los otros se dedicaban a tapar con arcilla las junturas y los agujeros de las calderas para que no se perdiese el vapor y con él la esencia. A las once de la mañana el olor a espliego comenzaba a extenderse por el pueblo y del caño por el que debía salir la esencia manaba abundante líquido en el que se mezclaba la esencia, reconocible por su aspecto aceitoso y un poco más oscuro, y el agua.
Acudió gente, tanto del pueblo como de otros sitios, que disfrutó del lugar en el que se ha colocado la caldera, de la música, del jamón, además del olor y de la suavidad de la piel impregnada del aceite. Una pequeña fiesta para los sentidos.
Del espliego a la esencia se ha llamado ese día en los pocos carteles pegados fuera del pueblo y llegados a este punto es el momento de mirar atrás, de conocer los fundamentos de ese trabajo que este año hemos convertido en fiesta.
Cuando terminaban las labores de la siega y la trilla, más o menos a principios de septiembre, estaba en pleno apogeo la flor del espliego. Ya sabéis que el dinero contante y sonante era un problema, así que el año en el que había llovido y las plantas y flores del espliego ocupaban los yermos y comunales, alguien venía dispuesto a encender la vieja caldera de hierro junto a la balsa del Plano para conseguir un poco de esencia con la que lograr preparados medicinales y de cosmética. Entonces se volvían a poner los aparejos al macho o a la burra, a coger la faz y a llevar cargas de espliego con las que llenar la caldera, que en los años sesenta se pagaba a dos pesetas el kilo. Era la propina del año.
Las calderas eran dos, una de ellas sin fondo, y se colocaban una encima de la otra, a unos cuarenta centímetros de una balsa de agua. En un lateral estaba la boquera del hornal por la que se hacía fuego, las dos primeras veces con aliagas y, más tarde, con el propio espliego, puesto a secar una vez cocido. Dentro, el espliego dispuesto para cocer. En la caldera cabía bastante, de 250 a 300 kilos, pero para aprovechar bien la capacidad, el encargado de darle fuego entraba dentro y lo pisaba.
Era muy importante que la caldera no tuviera ninguna fuga, así que
cualquier poro del hierro se tapaba con verdín y barro de tierra arcillosa. Para cerrarla se colocaba una tapa y las junturas de las calderas se grapaban a martillo. Las grapas tenían forma de V.
De la caldera superior salía hacia abajo un tubo que conectaba con otros horizontales por los que pasaba el vapor y que se ponían dentro del agua para que enfriasen. Era el serpentín que decantaba la esencia en una caldera más pequeña o vaso florentino, de donde se recogía, ya que pesaba menos que el agua y flotaba. De ahí pasaba a garrafas o a botellas de cristal.
¿Por qué más de cuarenta años después hemos hecho este trabajo de recuperación? La respuesta es larga: porque tenemos un Centro de Interpretación con un jardín bastante cuidado y bien bonito que tenemos que dar a conocer y al que tenemos que añadirle novedades siempre que podamos; porque recuperamos una labor tradicional de cierta importancia en nuestro pueblo, perdida desde hace muchos años y, finalmente, porque la fiesta es un encuentro alegre.
Nuestra intención es volver a repetir al año que viene, sin duda porque en su conjunto todo el proceso, en el que no es lo menos importante recordar tiempos pasados, nos ha dejado un buen sabor de boca.
Durante los últimos treinta o cuarenta años dejaron de ser útiles los animales de carga, las herramientas con las que se segaba y trillaba, la manera de
Abandonar a su suerte las antiguas calderas en las que se cocía el espliego es lo que hicieron, hace más o menos cuarenta años, los verdaderos dueños. Sin duda les parecieron demasiado pesadas y antiguas para venir de propio a recogerlas. Se quedaron junto a la ermita de la Virgen de la Huerta hasta hace un par de años en que se encontró un lugar apropiado para ellas: el Centro de Interpretación de la Flora, en la ribera del río Cabra, y allí se transportaron.
El Parque Cultural del río Martín subvencionó este año que ya termina un proyecto con el que se pretendía recuperar una vieja tradición desde hace muchos años en desuso, cocer espliego para lograr esencia. A ello nos pusimos en Torre de las Arcas.
La primera tarea era saber qué había y qué faltaba, así que hicimos el recuento. Teníamos las dos calderas, el vaso florentino para recoger la esencia, algunas grapas para sellar las junturas y unos cuantos tubos oxidados. Faltaba la pieza que, dentro de la caldera, sepa
ra el agua del espliego y que tiene la forma de rasera o espumadera, el serpentín, la tapa y algunas grapas más. Pensamos en Antonio Ortín, el herrero de Montalbán, conocedor de los viejos usos de los metales, para que fuese el encargado de la fabricación de estas piezas, aunque la tapa de la caldera fue entregada por un particular que la había guardado. Benigno Terrén hizo un dibujo y con él bajamos a ver al herrero. Un poco más tarde, a mediados de junio, comenzamos la construcción del hornal. El jardinero encargado del mantenimiento del jardín del Centro de Interpretación, Jerónimo, decía que se acordaba del que había en Alcaine, su pueblo, y siguiendo el modelo así lo hizo.Era, entonces, el momento de dar a conocer que estábamos preparando una fiesta para el 1 de septiembre. Daba un poco igual el día elegido, pero buscamos el tiempo apropiado para la siega de la planta y que fuese sábado, ya que es el mejor momento del fin de semana. Desde luego intentamos que el anuncio fuera conocido por el mayor número de gente posible y en agosto la Plaza Mayor está llena, así que el Ayuntamiento convocó una reunión informativa y allí se dio la fecha. Poco a poco fuimos bajando todos para ver de primera mano qué era eso de la caldera y del hornal.
Intentando darle la mayor relevancia, pensamos en la música y los Gaiteros de Alcorisa aceptaron con mucho gusto venir a tocar por la mañana. Además, la Comisión de Fiestas rifó un jamón que se quedó sin dueño y lo entregó al Ayuntamiento. Era un acompañamiento más, junto a un par de quesos y unas botellas de vino, a la fiesta que preparábamos. Faltaba encontrar la materia prima sobre la que esta giraba. La última semana de agosto com
Segar los más de doscientos cincuenta kilos que se necesitan para llenar la caldera llevó gran parte de la mañana de un par de días. Santiago, junto con Vicente y Dionisio Martín llevaron el peso de la faena. Las mujeres del primero, Águeda Villanueva, y del tercero, Manuela Adán, hicieron de gavilladoras, nada tan penetrante como el olor que queda en las manos y en la ropa, y el resto de la última semana de agosto se dedicó a ultimar los detalles: llenar la doble caldera con el espliego, probar el serpentín y colmar de agua la pequeña balsa en la que está colocado para enfriarlo, un punto fundamental en el proceso que lleva del espliego a la esencia. Además, había que traer la leña para encender y mantener el fuego. También ellos, junto con Miguel Latorre, se encargaron de ese trabajo.
Los fogoneros encendieron a las siete de la mañana de un día despejado y fresco, casi había rosada. Uno vigilaba el fuego, mientras que los otros se dedicaban a tapar con arcilla las junturas y los agujeros de las calderas para que no se perdiese el vapor y con él la esencia. A las once de la mañana el olor a espliego comenzaba a extenderse por el pueblo y del caño por el que debía salir la esencia manaba abundante líquido en el que se mezclaba la esencia, reconocible por su aspecto aceitoso y un poco más oscuro, y el agua.
Acudió gente, tanto del pueblo como de otros sitios, que disfrutó del lugar en el que se ha colocado la caldera, de la música, del jamón, además del olor y de la suavidad de la piel impregnada del aceite. Una pequeña fiesta para los sentidos.
Del espliego a la esencia se ha llamado ese día en los pocos carteles pegados fuera del pueblo y llegados a este punto es el momento de mirar atrás, de conocer los fundamentos de ese trabajo que este año hemos convertido en fiesta.
Las calderas eran dos, una de ellas sin fondo, y se colocaban una encima de la otra, a unos cuarenta centímetros de una balsa de agua. En un lateral estaba la boquera del hornal por la que se hacía fuego, las dos primeras veces con aliagas y, más tarde, con el propio espliego, puesto a secar una vez cocido. Dentro, el espliego dispuesto para cocer. En la caldera cabía bastante, de 250 a 300 kilos, pero para aprovechar bien la capacidad, el encargado de darle fuego entraba dentro y lo pisaba.
Era muy importante que la caldera no tuviera ninguna fuga, así que
De la caldera superior salía hacia abajo un tubo que conectaba con otros horizontales por los que pasaba el vapor y que se ponían dentro del agua para que enfriasen. Era el serpentín que decantaba la esencia en una caldera más pequeña o vaso florentino, de donde se recogía, ya que pesaba menos que el agua y flotaba. De ahí pasaba a garrafas o a botellas de cristal.
¿Por qué más de cuarenta años después hemos hecho este trabajo de recuperación? La respuesta es larga: porque tenemos un Centro de Interpretación con un jardín bastante cuidado y bien bonito que tenemos que dar a conocer y al que tenemos que añadirle novedades siempre que podamos; porque recuperamos una labor tradicional de cierta importancia en nuestro pueblo, perdida desde hace muchos años y, finalmente, porque la fiesta es un encuentro alegre.
Nuestra intención es volver a repetir al año que viene, sin duda porque en su conjunto todo el proceso, en el que no es lo menos importante recordar tiempos pasados, nos ha dejado un buen sabor de boca.
lunes, 28 de abril de 2008
lunes, 21 de abril de 2008
El antiguo horno comunal se recupera para uso vecinal
El proyecto contempla una sala de exposiciones
Resto del antiguo horno comunal de Torre de las Arcas que será rehabilitado.
Hasta principios de los años 60 se cocía pan en el horno comunal de Torre de las Arcas hasta que se cerró y se abandonó el edificio a su suerte.
Ante ello, hace unos años se planteó un proyecto de rehabilitación, que el Ayuntamiento de Torre de las Arcas retomó hace dos años presentando una propuesta de reforma, que fue aprobada, para así acceder a los fondos del Plan Especial para Teruel con 60.000 euros. Además, la Comarca Cuencas Mineras, a través del Plan RECHAR y del Plan de Dinamización Turística, aporta 24.000 euros, de los que hay que descontar el 30% que corresponde al Ayuntamiento.
Tras estos pasos, el Ayuntamiento de Torre de las Arcas ha acordado con el Parque Cultural del río Martín que el dinero de este año se destine a completar la obra del horno comunal, en el caso de que sea necesario, y para su equipamiento e iluminación adecuada para que el espacio sea utilizado como sala de exposiciones.
La bóveda del horno y el cierre de hierro todavía estaban en pie y en su sitio. Además, en abril del año pasado se preguntó a las mujeres del pueblo sobre cómo era por dentro y por fuera y se encargó el proyecto de rehabilitación al arquitecto José Fernando Murria.
En enero de 2008 ha comenzado ya la limpieza de los restos de esta edificación. La primera sorpresa ha sido que desde la visita del arquitecto se había hundido una parte de esa bóveda. En el solar, ya limpio, destaca ahora el horno con sus adobes de tierra refractaria del que se quiere recuperar sus uso. Además se contará con un espacio para exposiciones o reuniones.
Hasta principios de los años 60 se cocía pan en el horno comunal de Torre de las Arcas hasta que se cerró y se abandonó el edificio a su suerte.
Ante ello, hace unos años se planteó un proyecto de rehabilitación, que el Ayuntamiento de Torre de las Arcas retomó hace dos años presentando una propuesta de reforma, que fue aprobada, para así acceder a los fondos del Plan Especial para Teruel con 60.000 euros. Además, la Comarca Cuencas Mineras, a través del Plan RECHAR y del Plan de Dinamización Turística, aporta 24.000 euros, de los que hay que descontar el 30% que corresponde al Ayuntamiento.

Tras estos pasos, el Ayuntamiento de Torre de las Arcas ha acordado con el Parque Cultural del río Martín que el dinero de este año se destine a completar la obra del horno comunal, en el caso de que sea necesario, y para su equipamiento e iluminación adecuada para que el espacio sea utilizado como sala de exposiciones.
La bóveda del horno y el cierre de hierro todavía estaban en pie y en su sitio. Además, en abril del año pasado se preguntó a las mujeres del pueblo sobre cómo era por dentro y por fuera y se encargó el proyecto de rehabilitación al arquitecto José Fernando Murria.
En enero de 2008 ha comenzado ya la limpieza de los restos de esta edificación. La primera sorpresa ha sido que desde la visita del arquitecto se había hundido una parte de esa bóveda. En el solar, ya limpio, destaca ahora el horno con sus adobes de tierra refractaria del que se quiere recuperar sus uso. Además se contará con un espacio para exposiciones o reuniones.
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